domingo 19 de abril de 2009

De cuentista a guionista: el proyecto "Los que no vuelven"

Para casi-casi completar la historia de los escasos relatos que he publicado, va un resumen de los vericuetos de mi historia favorita. Se llama "Los que no vuelven", es muy íntima y breve, y está ambientada en el Chile del año 2030.

Creo que no voy a contar nada del cuento en este post, salvo que hay agua por todas partes, y que los referentes directos fueron "Un mundo sumergido" de Ballard, el video clip de "Pyramid Song" de Radiohead (aunque vi el video después de escribir el cuento, pero eso da lo mismo) y la primera página de "El americano impasible" de Graham Greene. Bueno, eso y mil cosas más, como es usual, porque la creación es siempre un acto colectivo.

Terminé de escribirlo gracias a la inestimable ayuda de Luis Saavedra Vargas, director de un heroico fanzine de esos tiempos, pero el cuento fue finalmente publicado en el segundo número del e-zine TauZero, dirigido por Rodrigo Mundaca.
El enlace para leer el cuento va acá: "Los que no vuelven" en TauZero.
El segundo paso para este relato vino cuando fue antologado en el libro Alucinaciones.txt: Literatura fantástica chilena para el siglo XXI (donde también aparecieron Jorge Baradit, Álvaro Bisama, Alejandra Costamagna y muchos otros). Mi cuentito cerraba el libro, lo que está muy bien para ser una historia que habla de finales pero quizás también de nuevos comienzos.

El tercer paso y actual, el que me tiene más entusiasmado, vino de mano del cineasta Raúl Pinto (vean su reel!), que llegó con la idea de transformar "Los que no vuelven" en su tercer cortometraje. Y quería que yo mismo escribiera el guión.

Así que nos lanzamos... RP pre-produciendo y dirigiendo la re-escritura de la historia, yo pisando el acelerador en todo lo que he leído y hecho sobre guiones. El resultado es que ahora un breve cuento de pocas páginas ha pasado a ser el Proyecto LQNV, hay actores, directores de fotografía, arte y muchas cosas más comprometidos con esta empresa, y estamos aguardando la llegada (o no llegada) de fondos para la producción en sí.
El blog de esta producción está en losquenovuelven.com.
Y, por supuesto, están todos invitados a enterarse de los detalles y mil referentes que iremos posteando sobre la producción: fotos, videos, inspiraciones, y-un-largo-etcétera. Si todo sale bien, podría estar listo en algún momento del 2010 (año del Bicentenario del Chile Republicano y fecha clave en la historia).

Eso es lo que hay hasta ahora de un pequeño texto que me ha valido el aprecio de lectores y amigos muy diferentes, y que me ha ayudado a ver que escribir es una forma de encontrar (a trevés del desajuste de los sentidos o de la contemplación calmada, depende del autor o del momento), un lugar común que no sabíamos que estaba ahí: un lugar donde te encuentras con otras personas (lectores, co-autores, colaboradores, amigos finalmente) y sonríen porque los dos estaban pensando en lo mismo: quien haya escrito las líneas al final es indiferente, si todos habitamos la misma ciudad-relato-historia. Escribir como una forma de llegar, desde la soledad, hasta el contacto.

Los dejo con la portada del proyecto y, por supuesto, les pido que crucen los dedos. ¡Gracias!


domingo 5 de abril de 2009

"No me miren", relato pulp antologado por la AEFCFT

En el Museo de Bellas Artes una vez encontré algo que me rodeó y me golpeó: una sala cuyas paredes estaban recubiertas de ojos impresos, de diferentes colores. Y yo estaba adentro. La obra (googleo hoy) es de la artista Bernardita Vattier y me impactó tanto porque fue la concreción material del espíritu de un relato corto que había escrito y terminado hacía no mucho tiempo: el temor a los ojos, la famosa cita de la noche como un monstruo hecho de ojos.

Se ha escrito demasiado sobre los ojos y la mirada, tanto que mi verso favorito al respecto es ese de Lihn que dice "no hay nada que ver en la mirada". Como si no fuera suficiente todo lo que se ha dicho, me propuse hacer un aporte al tema y crear mi propia historia asimoviana de detectives y ciencia ficción orgánica. El resultado, como tantas cosas de esos días, es fallido y algo infantil, para nombrar sus defectos, pero tiene cierto gustito pulp que quizás no hubiera logrado si me lo hubiera propuesto. O sea, como lo hice en serio y salió mal, es kitsch auténtico.

Como sea, éste es el cuarto cuento que he publicado, y su breve itinerario es así: el escritor argentino Sergio Gaut Vel Hartman me solicitó publicarlo en el e-zine Axxón, y yo acepté honrado: su título fue "No me miren". Tiempo después dio otro salto: la gente de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, a.k.a. AEFCFT, decidió antologar el cuento en el libro "Fabricantes de sueños 2006", una edición anual que recopilaba los mejores relatos de los tres géneros publicados en español, tanto en medios impresos como digitales.

Por esas curiosidades y corrientes marinas del Océano Atlántico, sólo hace muy poco tuve el libro en mis manos (gracias, Gabriella Campbell!), y debo decir que estoy muy agradecido de la AEFCT y de la Asociación TerBi (que fue el grupo encargado de la selección de textos para ese año en particular). También es un honor extraño compartir la solapa con los nombres de gente con tanta historia como Elia Barceló y Gaut Vel Hartman.


La portada del libro me encanta: es pulp, anacrónica, brillante y anaranjada. Los cuentos (al igual que el mío) hablan de un futuro ya muy antiguo, y como le gusta decir a mi amigo Carlos Gaona, actualmente no hay nada más viejo que el futuro. Creo que la dicotomía viejo/nuevo es un velo que oculta la forma verdadera del tiempo: espejos donde lo eterno se toma de la mano con lo efímero y lo efímero con lo circular. Creo también (mientras releo el cuento y me pregunto en qué diablos estaba pensando cuando ponía este cliché, este otro personaje acartonado, este diálogo de opereta cincuentera), que no puedo dejar atrás de este texto su profusión de ojos, esos objetos que nos obsesionan como desde dentro y fuera de la realidad. Es decir, están en el mundo, pero también están fuera del mundo, observándolo todo. Miran y son mirados en la misma idea y vuelta, son objetos y sujetos del deseo, y mil espejos más.

Podría decir mucho más, pero mejor me detengo y me pongo a imaginar algo mucho más sencillo, una historia de detectives en cuartos cerrados. Eso hice el 2005, y si alguien quiere leer el relato, acá está: "No me miren" en Axxón: un cuento de detectives sobre la razón y la timidez.