domingo 10 de mayo de 2009

"Niñas araña", de Luis Barrales: la violencia detrás de la sonrisa flaite

Fui a ver la obra "Niñas araña", del joven dramaturgo chileno Luis Barrales: la ficcionalización de un caso policial real, mostrado agotadoramente por mis colegas periodistas de los medios. Se trata de tres preadolescentes bautizadas públicamente así por robar departamentos en edificios del barrio alto a los que llegaban trepando por las ventanas.

Un hecho tan literariamente potente no podía sino interesar a Barrales, que según he leído es el autor que más textos propios ha logrado ver en escenarios este año. El material básico está ahí: la tremenda violencia de la desigualdad entre estas niñas y sus víctimas/victimarios invisibles, el contraste que corre a muchos niveles: el departamento y el campamento, la comodidad y la desesperanza, el tarro de kentucky fried chicken y el sushi que encuentran y no les gusta (pero lo prueban disimulando su asco, porque "lo comen las de la tele", en una de las escenas clave).

La imagen potente, sin embargo, es sólo el principio para Barrales. En una hora y media la situación de las tres ladronzuelas se transforma en una metáfora de todo lo que duele en las últimas dos décadas de éste país: el deseo/imposición de trepar; la alegría falsa de la televisión, la violencia institucionalizada, aceptada, buscada y sufrida, física y simbólica; las migraciones campo ciudad, la inflación, la lucha de clases instalada en el lenguaje y en las batallas semióticas, las fracturas en la historia sexual antes de cumplir los 18, el culpable brillo del papel couché, las interminables y precarias discusiones locales sobre política, economía, psicología aplicada. Más aún, logra anclar eso no sólo en un contexto histórico reciente y difícil de tratar sin caer en lo panfletario o lo poco perdurable, sino también en un un lugar, esta misma ciudad inmensa y fragmentada en comunas inter-cercadas, esta habla chilena que es una guerra de contraespionajes entre los lenguajes cultos, incultos, formales e informes, resistentes y conquistados.

Como esto no es una crítica, no me extenderé sobre los méritos de la puesta en escena ni del texto ni me extenderé en las ya elogiadas actuaciones de Isidora Stevenson, Daniela Jiménez y especialmente Cecilia Herrera como la inolvidable Yasna. Podría extenderme sobre la vez en que anduve con una chica llamada Yasna, en el colegio, cuando todo era más sencillo, pero prefiero contar una sola cosa para terminar. Cada minuto, cada diálogo, cada línea del monólogo, tenían una carga increíble de violencia, de tensión y de ira. Mezcladas a veces con ternura, con desolación, con desamparo, pero sobre todo violencia y rabia. Y sin embargo estábamos cagados de la risa la mayor parte del tiempo. A la salida, la conclusión era que la mitad de la risa extraña se debia a la acertada decisión (también podríamos decir talento) del autor de utilizar elementos de comedia y farsa para quitarle solemnidad a los momentos más terribles. Pero la otra mitad de la risa del público (y esto lo medí claramente) era por lo flaite que hablaban estas locas. Nos reíamos, los asistentes que por lo bajo éramos clase media media algo más ilustrada que lo usual, igual que nos reímos de Rosa Espinosa, del lenguaje pintoresco de los vendedores de la feria, de las malas caricaturas de flaites que aparecen en los programas fachos de televisión, de la gente que tiene nombres gringos y apellidos chilenos. ¿Podemos negarlo? Nos da risa cuando a alguien "se le cae la ce hache", con una risa implantada en el ADN cultural de nuestra nación.

En una entrevista que pillé por ahí, Barrales se hace cargo (o al menos lamenta no poder hacerse cargo) de la brecha entre teatro para élites y teatro popular, lenguaje para élites y lenguaje popular, y de lo difícil de transpasarla, además del consabido debate artístico sobre la apropiación del lenguaje popular, un lenguaje finalmente ajeno. Yo creo que en "Niñas araña" esa risa violenta era el pilar, la demostración, el núcleo de la obra, la moraleja de la que no me pude olvidar mientras salía del teatro, pasaba al lado del Mapocho, me tomaba una chela en la calle de los artistas de la tele: cuando se juntan dos mundos tan distantes, el resultado más probable es violencia y crueldad.



Nota al pie: Al principio creí que mi entusiasmo con el texto se debía a que nunca voy al teatro, pero luego averigüé que Barrales sí ha sorprendido a todos con su poética y sus montajes. Pero en este caso "todos" es el mundo del teatro. No deja de parecerme extraño, por más natural que parezca a otros, esta división extrañísima de soportes, donde Barrales y Sarah Kane están comentados en la misma sección de los suplementos que las obras de Cristina Tocco y no sé quien más. ¿No tiene este tipo más en común con Bolaño, Bisama y Mellado, ponte tú, que lo que puedan tener Carla Guelfenbain y unas cuantas obras literarias vacías de ambición y calidad que malgastan las páginas de las revistas de "literatura"? ¿Por qué al lado de poetas jóvenes como Diego Ramírez o Felipe Ruiz aparecen diez mil poeticastros aburridos y no Barrales, o ya que estamos, no aparece la promisoria escena del cómic nacional, los guionistas fantásticos que están buscando en las raíces de lo actual y real la materia de sus historias? Creo que eso no se sustenta mucho más: la diferencia entre los géneros tiene que dejar paso, más pronto que tarde, a una brecha entre quienes tienen ambición, calidad, sudor-y-sangre en sus obras, independientemente del soporte, y quienes sólo son poetas porque escriben en verso, músicos porque el papá les compró la guitara, escritores porque "aman al libro". Para ellos un aviso: la poesía, literatura, epifanía o como quieran llamarlo, no está en el soporte. Está en la ambición de volarte la cabeza, abrirte los ojos, despertarte de la confusión, devolverte a ese lugar secreto. Lo demás es paja.

3 comentarios:

A las 11 de mayo de 2009 06:49 PM , Blogger Pamela Barría Osores ha dicho...

Una vez, viendo Clase de Guillermo Calderón yo lloraba, mientras todos los demás reían...otra vez, viendo Neva, del mismo autor, yo reía y una vieja cuica gritó: "¡no es comedia!"...jajaja...espero ver esta obra.
Slds!

 
A las 12 de mayo de 2009 05:09 PM , Blogger Frites ha dicho...

Estimado:
Pucha, yo aún no he visto "las niñas araña". Pude ver "HP", otra obra de Barrales, hace unos meses y es realmente notable... para que la veas si la pillas por ahí. Barrales esta escribiendo también desde hace un par de semanas en la Nación Domingo, para que le eches un ojo. Un abrazo.

 
A las 12 de mayo de 2009 05:10 PM , Anonymous Katerin Barrales ha dicho...

Gabriel, querido, que coincidencia haberme encontrado contigo hace unapar de semanas en el cajón del Maipo yahora ver lo que escribiste sobre Niñas Araña... el dramaturgo es mi hermano... el mundo es muy pequeño y yo que trabajo en la misma oficina con Natalia Flores me dijo que leyera esta nota...
Compañero me hace flata un amigo para mis salidas culturales, por ejemplo al teatro, así que juntémonos uno de estos días y nos ponemos al día...
Muchos cariños
Katerin Barrales Guzmán

 

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